Ante un dolor localizado puntual o crónico el tratamiento más habitual incluye el uso de analgésicos y, a veces, también otros fármacos que pueden colaborar con estos en la mejoría sintomatológica del paciente.

¿En que se diferencian unos analgésicos de otros?

Por una parte están los analgésicos simples, como el paracetamol y el ácido acetilsalicílico, que son efectivos como analgésicos y antitérmicos pero no tienen efecto antiinflamatorio, como otros que comentaremos a continuación. El paracetamol es preferible al ácido acetilsalicílico por tener menores reacciones adversas, especialmente sobre el sistema digestivo, aunque sí existe un riesgo de intoxicación. El ácido acetilsalicílico se ha utilizado con frecuencia para prevenir el infarto de miocardio en pacientes con riesgo pero puede provocar reacciones adversas sobre el sistema digestivo, renales e hipersensibilidad. Está contraindicado en niños por el riesgo de síndrome de Reye.

Otros analgésicos habituales son los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ibuprofeno, que son los fármacos a demanda por excelencia y que con demasiada frecuencia se utilizan como automedicación, ya que actúan sobre el dolor, la fiebre y (a diferencia de los analgésicos simples) también la inflamación. Su efecto analgésico es moderado pero son efectivos sobre dolores de origen muy diverso. A partir de un punto, el aumento de la dosis no mejora la eficacia y, sin embargo, presenta efectos adversos, frecuentemente sobre el aparato digestivo (tanto de forma local como sistémica), el riñón o de tipo alérgico.

Otro tipo son los analgésicos opioides, que son sintéticos y presentan una actuación similar a los opiáceos, que son los derivados directamente del opio, cuyo componente activo es la morfina. Se utilizan muy frecuentemente en tratamientos oncológicos y ciertos dolores agudos. La ventaja es que el aumento de la dosis es siempre efectivo. La desventaja es que tienen efectos adversos importantes a dosis elevadas y que pueden crear dependencia.

¿Es demasiado frecuente el uso de analgésicos?

En España más de la mitad de la población consume algún tipo de medicamento, tanto de forma crónica como ocasional, siendo en la mitad de los casos un analgésico de algún tipo. En general las mujeres consumen más analgésicos que los hombres (sobre un 30% más) y al menos un 20% de la población adulta de ambos sexos consume AINEs diariamente. Como son fármacos fácilmente accesibles sin receta médica, estas estimaciones podrían ser superiores en la realidad, ya que existen evidencias de automedicación en los estudios al respecto.

Se estima que el uso de analgésicos, en particular AINEs, es mayor de lo que sería necesario y que probablemente los patrones de uso sean inadecuados.

En diversos estudios los expertos alertan del abuso de analgésicos opioides, que son muy efectivos pero también altamente adictivos y con importantes efectos adversos.  En EEUU, por ejemplo, en los últimos años el número de sobredosis por analgésicos opioides se ha multiplicado por 4.