Las patologías en las que se concentra el dolor no oncológico en España: artrosis, migraña, dolores lumbares y cervicales. (III) Dolor cervical.
El dolor crónico no oncológico se define como el dolor que dura más de tres meses, de forma continua o intermitente, más de cinco días por semana, con intensidad moderada o alta y que pueda restringir la funcionalidad. Según la Organización Mundial de la Salud, un 20 % de la población mundial sufre dolor crónico en algún grado.
Uno de los dolores crónicos más frecuentes es el dolor cervical, que puede deberse a sobrecargas producidas por malos hábitos posturales y no sólo a lesiones, traumatismos o deterioro progresivo. La OMS lo define como un conjunto de signos y síntomas que alteran el normal comportamiento de las estructuras localizadas en la región del cuello, ocasionando trastornos en el sistema musculoesquelético y en el tejido conectivo.
En ocasiones es un dolor localizado en el cuello pero también puede extenderse a brazos, cabeza y espalda, con rigidez, adormecimiento, hormigueo o mareo que acompañen al dolor. Es relativamente frecuente que el paciente sufra también cefaleas. Si bien sólo un reducido porcentaje se debe a causas graves, puede ser bastante incapacitante y perjudicar de manera importante la calidad de vida, como todos los dolores crónicos.
Entre los factores de riesgo que suelen influir negativamente está el sedentarismo, las malas posturas mantenidas en el tiempo, la manipulación habitual de cargas pesadas y los movimientos repetitivos que sobrecargan la zona, por lo que, para evitar y controlar el dolor cervical leve, debemos cuidar la higiene postural y evitar las actividades, ya sean deportivas o laborales, que sean perjudiciales. En los casos más severos es frecuente que se requiera un tratamiento combinado de fisioterapia, tratamientos alternativos y farmacología, generalmente analgésicos, antiinflamatorios y/o miorelajantes. Sin embargo, el tratamiento farmacológico siempre ha de estar supervisado por un médico y es recomendable reducirlo al mínimo imprescindible, lo que podremos lograr si se acompaña de otras formas de tratamiento completo ofrecidas por las Unidades del Dolor. El objetivo es reducir la intensidad del dolor, ya que el dolor puede no desaparecer totalmente, pero se intenta que interfiera lo menos posible en la vida diaria del paciente. Para ello se busca un tratamiento global que también mejore el patrón de sueño y el estado de ánimo, que permita continuar con la actividad laboral, familiar y social, y que evite el sedentarismo.