Una dieta saludable incorpora los nutrientes necesarios en la cantidad adecuada para desarrollar nuestra actividad habitual.

La carencia de determinados nutrientes como proteínas (muy importantes para el tejido muscular) y las vitaminas A, B, C, D y K (fundamentales para los músculos, la reparación de tejidos, el sistema nervioso y los huesos) puede debilitar especialmente los huesos y los músculos, producir dolor crónico y a la larga llegar a comprometer la movilidad.

Casi un 20%de la población está aquejada de dolor de espalda y frecuentemente se acompaña de hipertensión y colesterol elevado, dolencias tradicionalmente relacionadas con hábitos alimentarios.

Además, uno de los principales agravantes del dolor de espalda es el sobrepeso. Nuestro organismo está “diseñado” para soportar un determinado peso y superarlo de forma continuada en el tiempo puede conducir a agravar lesiones o a producirlas. Es por ello que resulta muy recomendable seguir una dieta saludable que nos permita mantener nuestro peso en los límites adecuados para no forzar músculos ni articulaciones.

Igualmente los malos hábitos alimenticios afectan negativamente al sistema inmune, lo que puede dificultar combatir el dolor, reducir la inflamación y en general superar enfermedades.

En resumen, somos lo que comemos. Es por ello que debemos comer de forma saludable y moderada para contribuir a mantenernos en forma, especialmente en situaciones donde tenemos dificultades para hacer el necesario ejercicio físico, también base de un cuerpo saludable y pieza fundamental para mantener el peso adecuado.