En una circunstancia tan excepcional nuestro gasto calórico habitual se ve drásticamente reducido debido a la falta de ejercicio físico, lo cual rápidamente se puede traducir en un importante aumento de peso. Además el aburrimiento y el estrés pueden hacer fácilmente acto de presencia y en no pocas ocasiones la reacción son los atracones, sobre todo de comidas insanas: comida basura, snacks, etc.

El peligro del sobrepeso está ahí pero ¿y si además sufrimos de dolor crónico? ¿Cómo nos afectará este tipo de dieta?

Dolor crónico e inflamación

La relación entre dieta y dolor crónico es innegable, ya que una gran parte del dolor crónico se debe a inflamación y la dieta incorrecta puede conducir a esta inflamación. La inflamación crónica no sólo aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes, etc., sino que también puede con el paso del tiempo dañar células y órganos sanos, causando dolor constante en músculos, articulaciones y tejidos. La dieta correcta, sin embargo, ayuda a fortalecer el sistema inmunológico.

Debemos comprender que la dieta no va a curar nuestras dolencias pero sí puede mejorar ciertos síntomas, como el dolor. En el caso del dolor crónico es ya considerado una enfermedad en sí misma y es una cifra importante la de afectados como que roza el 20% de la población.

¿Qué alimentos sí y cuáles no?

Como a lo largo del resto del año, debemos evitar los ultraprocesados. Aprovechemos que estamos tantas horas en casa para cocinar recetas tradicionales, nutritivas, sabrosas y saludables, aunque nos lleve un poco más de tiempo.

Como en cualquier dieta sana, debemos evitar los refrescos azucarados y el alcohol, dos cosas a las que es muy fácil recurrir si nos pasamos muchas horas delante del televisor picoteando.

Debemos mantener como excepcional lo que también lo es (o debería serlo) el resto del año: embutidos, productos con mucho azúcar o carbohidratos refinados, etc.

En cuanto a alimentos recomendados: los que habitualmente forman parte de una dieta sana. En estas circunstancias lo que tendremos que modificar es la forma de consumo, por ejemplo: comprar frutas que sean más duraderas, utilizar verduras congeladas, tomar frutos secos, etc. Y unas grandes aliadas en una dieta equilibrada cuando no podemos comprar fresco muy a menudo: las legumbres.

Por todo esto, para preservar nuestra salud y no sufrir más dolor del habitual es muy importante cuidar especialmente la dieta en estas fechas, tratar de mantener o generar hábitos alimentarios saludables y empezar ya a la hora de hacer la compra, evitando ciertos productos y potenciando otros.