Cada vez que nos automedicamos, tomamos una dosis superior a la recomendada por nuestro médico o utilizamos un fármaco para otra dolencia diferente a aquella para la que se recetó, estamos haciendo un uso abusivo de los medicamentos. Entre las medicinas de las que más se abusa están los analgésicos.

Se considera abuso de medicamentos desde tomar un analgésico de un familiar o amigo para un dolor concreto hasta una adicción ya establecida y compulsiva. Es un problema que afecta a todos los grupos de edad y sociales y que puede comenzar con un consumo crónico que se vuelve adictivo, por lo que es muy importante la actuación precoz.

¿Quienes son los que más abusan de los medicamentos?

Aunque con frecuencia son los adolescentes o jóvenes quienes presentan conductas de riesgo en este sentido, el abuso de medicamentos se da en todos los grupos de edad. Incluso es un problema cada vez más habitual entre los mayores, que suelen tener varios problemas de salud por lo que toman varios medicamentos simultáneamente. Esta familiaridad los puede hacer menos sensibles a sus efectos y menos prudentes ante un medicamento nuevo o una dosis más alta. Sin embargo las interacciones entre diferentes fármacos o de estos con el alcohol son muy peligrosas.

Hay ciertas circunstancias que hacen al paciente más vulnerable a un consumo indebido de fármacos:

  • Haber tenido adicciones a cualquier otra sustancia en el pasado (tabaco, alcohol, etc.)
  • Tener antecedentes familiares de adicciones.
  • Determinadas enfermedades psiquiátricas.
  • Fácil acceso a fármacos.
  • Falta de información sobre el riesgo que existe al consumir cualquier medicamento, y especialmente en una forma abusiva.

¿Cómo reconocer los síntomas?

Las señales de alerta ante una posible adicción dependen del fármaco en concreto, pero en el caso de los medicamentos para el dolor una señal clásica es que cada vez se necesita una mayor dosis para aliviar el dolor. Con el tiempo se van tomando cantidades más altas que las recetadas porque cada vez hacen menos efecto. En algunos casos las dosis más altas acaban produciendo mayor sensibilidad al dolor. Otra razón por la que es muy importante estar atentos y tratar de reducir la dependencia de estos fármacos.

En otras ocasiones, podemos apreciar cambios de humor excesivos o cambios en las necesidades de sueño (aumento o disminución inusual).

En cuanto se detecta una conducta extraña en estos sentidos debemos contactar con un médico y evitar que un problema incipiente se pueda transformar en una adicción grave. Nuestro médico podrá hacer la prescripción adecuada para eliminar o mitigar el dolor con el mínimo riesgo de adicción y, si es posible, reducir la ingesta de medicamentos.