“El dolor crónico es una enfermedad y su tratamiento, un derecho humano” según la Organización Mundial de la Salud. Así lo han calificado en 2017 durante la celebración del Día Mundial contra el Dolor, que tiene lugar cada 17 de octubre para visibilizar un problema que afecta a nivel mundial a un porcentaje entre el 25 y 29% de la población.

¿El dolor crónico es normal?

A pesar de la existencia de tratamientos eficaces y de bajo coste para aliviar el dolor, millones de personas en todo el mundo continúan padeciendo dolores moderados e, incluso, intensos que no son tratados. Muchos han normalizado el dolor hasta el punto de no tratarlo adecuadamente por no considerarlo realmente una enfermedad.

Un ejemplo es el dolor de espalda: hay una parte importante de afectados que no le prestan atención y no sólo es muy habitual, sino que dificulta tanto la vida personal como la actividad profesional, especialmente en determinados ámbitos, y puede empeorar otras enfermedades previas. Determinados trabajadores, como los de la construcción, los enfermeros o los que suelen cargar pesos, son más conscientes de la importancia de una espalda sana, pero también el trabajo de oficina puede exigir demasiado de la espalda si no se presta atención a la postura, se hacen tareas repetitivas o se mantiene una misma posición durante períodos de tiempo excesivamente largos.

Sin embargo el dolor crónico no es normal, es un síntoma de enfermedad y, como tal, debe ser atendido adecuadamente.

Vivir con dolor crónico

  • El dolor crónico es una de las causas más importantes de sufrimiento e invalidez a nivel mundial, según el grupo de edad.
  • Tiene consecuencias no sólo físicas, sino también en el ámbito social y psicológico.
  • Puede provocar una disminución de la movilidad que conlleve una pérdida de fuerza y que comprometa el sistema inmunológico.
  • Afecta enormemente a la calidad del sueño, lo que está demostrado que compromete no sólo la calidad de vida, sino también la salud general y que favorece la aparición o agravamiento de determinadas enfermedades (cardiovasculares, diabetes, obesidad, etc.)
  • Según un estudio de la OMS, las personas que viven con dolor crónico son cuatro veces más propensos a padecer depresión y ansiedad.
  • No iniciar el tratamiento contra el dolor cuando este es moderado puede provocar que sean necesarias mayores dosis de medicamentos para mitigarlo, ya que el dolor responde mejor a los analgésicos en los estadios iniciales.
  • La llamada Escalera Analgésica de la OMS recomienda diferentes tipos de fármacos en función de la intensidad. Así, para dolores leves se recomiendan analgésicos simples. Para dolores moderados, una combinación de analgésicos simples y un opioide suave, como la codeína. Los opioides fuertes se consideran absolutamente necesarios en caso de dolor severo.
  • El tratamiento del dolor es más accesible para las rentas altas: Los fármacos para el dolor se consumen más en los países desarrollados aunque un porcentaje más importante de los pacientes con dolor crónico se encuentra en países con ingresos bajos y medios.