Nadie cuestiona ya la importancia de tratar el dolor y, por las mismas razones, cada vez más investigaciones versan sobre él. No solo es un síntoma que afecta a la mayoría de los pacientes con cualquier diagnóstico sino que se ha asumido que es un problema en sí mismo y que, además del componente puramente médico, tiene importantes repercusiones sociales, económicas y laborales. El dolor en sí mismo es una enfermedad cuando se vuelve crónico, independientemente de que se haya identificado una causa física para el mismo.

Los aspectos a investigar son variados pero hay uno que lo diferencia de muchas otras investigaciones médicas: se trata de un síntoma cuya percepción es altamente subjetiva y que no se puede medir en una escala objetiva como otros síntomas (por ejemplo la fiebre).

La subjetividad del dolor en sí misma es objeto de numerosas investigaciones: ¿cuál es la causa de que unos individuos perciban más dolor que otros ante el mismo estímulo? La comunidad científica busca las características que puedan predecir cuál será la respuesta al dolor. ¿El factor determinante será la edad, el género, el estado de salud? Uno de los aspectos más recurrentes en las investigaciones sobre el dolor es la incidencia del género del paciente en la percepción del mismo: ¿son más sensibles al dolor los hombres o las mujeres? Si este debate es viejo a nivel popular también entre los investigadores suscita interés.

¿Importa si el paciente es hombre o mujer?

Tradicional y popularmente se ha atribuído una mayor capacidad para soportar el dolor a las mujeres que a los hombres. El hecho real e histórico es que están expuestas al dolor de forma más frecuente e intensa. Sin embargo, algunas investigaciones han llegado a la conclusión contraria tras investigaciones en ratones. Algunos estudios han relacionado la percepción del dolor con la testosterona y el estrés, lo cual provocaría más sensibilidad en varones. Otros lo relacionan con la actividad cerebral de las endorfinas y esto también produciría una tolerancia menor a la mujer. El problema es que muchas de estas investigaciones se basan en pruebas de laboratorio con ratones y es muy controvertida su capacidad predictiva del dolor real. Así, el debate continúa abierto.

¿Por qué importa si el paciente es hombre o mujer?

Esto, que pudiera parecer una preocupación menor, cobra relevancia si tenemos en cuenta que las creencias del profesional sanitario podrían mediatizar la respuesta que dará al paciente según su género: si el médico está convencido de que los hombres soportan peor el dolor o que, por el contrario, sólo se quejan cuando éste es muy intenso, podrían recetarle más analgésicos que a una mujer en la misma circunstancia.

Hay investigaciones que, ante la sospecha de estas posibles influencias en la práctica médica, se han centrado en este tema con el ánimo de que la actuación del profesional sanitario sea lo más acertada posible.

El género frente a otros factores

En un estudio español con más de 600 pacientes en el que se valoraron factores como la edad o el tabaquismo frente al género del paciente en la percepción de un dolor de poca intensidad, se concluyó que el género no era un factor determinante. Por el contrario se detectó una gran variabilidad individual, lo que indicaría que los factores psicosociales son fundamentales.

El estudio destaca, sin embargo, la importancia de las expectativas previas de dolor en relación a experiencias anteriores a la hora de percibir un estímulo doloroso con mayor o menor intensidad. En definitiva, no hay estudios concluyentes en los que apoyar que hombres o mujeres puedan sentir más o menos dolor ante un determinado estímulo en función de su género.