Según un estudio desarrollado en la Universidad Autónoma de Madrid y publicado este mismo año, las mujeres mayores de 60 años tienen más probabilidades de sufrir dolor crónico y de que este sea de mayor intensidad que los varones de su mismo grupo de edad, que es el que padece más enfermedades, sobre todo las crónicas y las que se acompañan de dolor.

Después de evaluar a 851 pacientes mayores de 63 años durante más de 3 años, los investigadores observaron más incidencia de dolor crónico en las mujeres que en los hombres de la misma edad. En concreto el dolor de alta intensidad se presenta con mucha más probabilidad en mujeres que en hombres: 23% frente al 13%.

Las dolencias más habituales son de origen musculoesquelético, especialmente lumbociáticas y artrosis de rodilla y cadera pero también aumenta con la edad el dolor asociado a problemas del sistema nervioso, por ejemplo por carencias nutricionales.

Posibles causas

Las mujeres también presentan niveles más altos de estrés, más incidencia de enfermedades crónicas, peor calidad del sueño y bajos niveles de actividad física, todos ellos factores negativos en relación al dolor y que podrían explicar estas cifras, aunque todavía hay que realizar más estudios analizando también factores biológicos relacionados con el género para determinar en qué medida afectan unos y otros.

La percepción del dolor es altamente subjetiva y depende no sólo de factores objetivos y cuantificables sino también de las circunstancias que rodean a cada persona: de si es un dolor crónico o agudo, de las experiencias previas con el dolor, de la educación, el ambiente e incluso la personalidad del enfermo.

Tratamientos

Debido a la variabilidad de factores en el origen del dolor, los tratamientos son muy diferentes de un paciente a otro. Con carácter general se recetan analgésicos y antiinflamatorios pero algunos tratamientos farmacológicos pueden interferir con otras patologías, muy habituales en pacientes de edad avanzada, o tener efectos secundarios agresivos en pacientes con peor estado de salud, por lo que frecuentemente se recomiendan otros tratamientos no convencionales ofrecidos en clínicas del dolor y unidades especializadas.

El tratamiento del dolor se ha convertido en una de las prioridades de los sistemas sanitarios ya que el aumento notable de la esperanza de vida provoca que sea cada vez más numeroso el porcentaje de personas de edad avanzada, que son el grupo en el que hay más enfermedades en general y más incidencia de dolor crónico en particular.

¿Cómo evitarlo?

Causas como el estrés y la mala calidad del sueño suelen estar relacionados entre sí y, a menudo, son al mismo tiempo causa y efecto del dolor crónico. Es por ello que es muy importante tratar de controlar los niveles de estrés cotidianos, que se ha comprobado que son mucho más elevados en las mujeres que en los varones.

También se ha constatado la relación entre dolor y baja forma física motivada por un estilo de vida sedentario, también más frecuente entre las mujeres, y al mismo tiempo el dolor crónico es también disuasorio para la realización de ejercicio físico, fundamental en la edad avanzada para evitar el deterioro no sólo físico sino también cognitivo. Es fundamental en este grupo de edad adquirir una rutina de ejercicio moderado y saludable, siempre bajo indicación médica, como caminar, realizar estiramientos y ejercicios de relajación, etc. que permitan mantener un mejor estado general de salud y así reducir el riesgo de enfermedades crónicas y con ello el dolor.

Nuestro médico especializado en tratamiento del dolor nos puede recomendar el mejor ejercicio en relación a nuestro estado físico.

Europa: el dolor en cifras

  • Se estima que el 20% de los adultos padece algún dolor crónico.
  • En los mayores de 65 años el porcentaje asciende hasta el 60%.
  • Más de 150 millones de personas sufren migrañas y otros dolores incapacitantes.
  • Más de 200 millones de personas sufren dolor por trastornos musculoesqueléticos.
  • El coste (directo e indirecto) que supone la atención médica del dolor crónico para los estados oscila entre el 2 y el 3% del PIB.